La tarjeta personal: el machete de nuestro currículum

Una tarjeta personal la puede hacer cualquiera, incluso usted.
(El objetivo de estos consejos es que si la hizo usted, no se note)

El tamaño importa
El formato puede ser original, redondo, cuadrado, octogonal o con forma de piezas de ajedrez, pero si la tarjeta no entra en una billetera standard, estamos jodidos (y aumentan las probabilidades de que se pierda o traspapele).
Respetar las medidas tradicionales no es un atentado contra la originalidad y en algunos casos nos incentiva a jugar con plegados y troquelados, logrando interesantes piezas de diseño que no pierden su utilidad.

Me gustas cuando callas...
Una tarjeta personal es el machete de nuestro currículum. Es un apretón de manos. Un cruce de miradas. Es la primera impresión que causamos.
No podemos imprimir en ella la historia de nuestra vida, porque una primera impresión dura 15 segundos, quizá menos y no deberíamos tardar más que eso en leerla. Agregar información implica que nos conozcan mejor  y eso no es siempre una buena idea.
Una tarjeta personal tiene que lograr dos cosas: que quieran saber más sobre nosotros  y que sepan como ubicarnos para lograr su objetivo (y el nuestro).


La letra pequeña del contrato
Si todo lo que figura en una tarjeta está allí para ser leído, ¿tiene razón de ser que necesites una lupa para ver el número de teléfono? Tu excusa es que la mayoría de tus clientes son gente joven, de 25 a 40 años...con más razón, porque la gente mayor generalmente (aunque no siempre) tiene asumidos sus anteojos para ver de cerca, mientras que los "más jóvenes" sobreviven en un mundo borroso a fuerza de estirar los brazos y leer a un metro de distancia.
Si lo vas a poner en letra pequeña para que entre, es porque esa información no merece estar ahí.

No te ahogues en un vaso de agua...
Hoy en día, hacer tarjetas personales en grandes cantidades suele no ser rentable. Ya sea por que cambiemos de empleador, de domicilio, de teléfono fijo, celular o mail, el resultado sería tener muchos papelitos para notas o entregar tarjetas con tachones y escritas a mano y, la verdad, por mucho que la moda revalorice el trabajo artesanal, hacerlo no está bien visto.
Eso descarta la posibilidad de imprimir las tarjetas en casa, con impresoras de chorro y cartuchos recargados. Tambien es sano evitar los papeles muy livianos.
La mejor forma de probar la calidad de una tarjeta es hundirla en un vaso de agua 1 minuto y sacarla. No debe chorrearse la tinta y el papel no debe deshacerse en las manos.
Por muy bajo costo podemos imprimir nuestras tarjetas con laser, a todo color, en mínimas cantidades, y hacer más a medida que las necesitemos.

Si no eres el mejor, intenta ser el único...
La originalidad en las tarjetas personales no es un tema primordial, a menos que pertenezca a alguien del mundo del arte o la creatividad.
No me malinterpreten, si la tarjeta es original, mejor, pero si hablamos de la tarjeta de nuestro abogado, sólo queremos ver rápido el nombre y el teléfono.
Y la originalidad no pasa solo por la imagen. Ya mencionamos los formatos  y no olvidemos los soportes: madera, caucho, cartón, plástico, ¿mencioné que el dorso tambien se puede imprimir?...las posibilidades son infinitas y los costos son más reducidos que en otras piezas gráficas.
Podemos dejar volar la imaginación (siempre y cuando no pase por encima de la utilidad y la cague).

La Mascota

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No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. (Oscar Wilde)