Practiz, lesson uan: dis is e piupil.

Los perros.
Los perros vienen.
Los perros vienen en la noche, babeando, crujiendo, apoyando apenas sus blandas patas en el pasto mojado. Llegan los perros negros corriendo y el vapor sale de sus bocas como demonios. Demonios de vapor. Demonios Perros.

Los ladridos-aullidos disonantes lastiman el silencio, lo rajan como cristales. lo parten en pedazos como ventanas vacías. Ventanas de silencio.

Sus corazones galopan, retumban, explotan, la sangre se agolpa en sus cerebros, sus músculos, sus claros instintos de caza. La sangre explota.

...

Todo termina. La adrenalina se va yendo, despacio, como sin ganas. El instinto no lo era tanto o habrían comido. El cazador que les decia qué hacer, y les decía cuándo, y les decía qué: que la idea, la fuerza, las ganas, la razón era de ellos, se quedó con todo. Pero antes les dió una palmadita en la cabeza y una medida de alimento balanceado. Y ellos siguen moviendo la cola, mientras lo ven irse desde este lado del alambre gallinero.

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No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. (Oscar Wilde)