Dioses Programadores

"Como habrás notado, los programadores son bichos extraños. Conozco a unos cuantos, y creo que no hay dos iguales, aunque en muchas cosas todos nos parecemos.

Podés ser alto o bajo, lindo o feo, simpático, insoportable o completamente loco, pero si hacés programas que hacen lo que dicen que hacen, nadie puede negarlo. Eso te pone aparte, y, desde la perspectiva de un programador, por encima de todo el resto. 'Vos qué programás? Nada? Ah. Y en qué desperdiciás tu existencia? No lo pregunto porque me interese, es solo por hablar hasta que venga alguien real...'.


Programar es una aventura también, especialmente si es algo interesante. Una aventura difícil de compartir, o de explicar a los extranjeros, porque se hace toda adentro de tu cabeza. Supongo
que a los matemáticos debe pasarles algo parecido.

Tenés un mundo limpio, ordenado y brillante. Sabés que si le das los comandos adecuados, la voluntad de la máquina se someterá a tus órdenes. Si le errás, entonces va a reirse de vos, y a decirlo en todas partes. La programación no es para pelafustanes.

Así que te ubicás frente al papel, o al teclado, y vas haciendo un par de cositas. Sumar dos números, o poner un cartelito. Das vueltas un rato, y al final funciona. Je! Salió! Qué grande! Y si
le cambio esto?... Y lo cambiás. Le agregás cosas. El programa crece, como crece una ciudad, a veces de acuerdo a un plan, a veces en medio del caos. Sin embargo, más o menos funciona, y vos
ves a los muñequitos caminando, a las vecinas que charlan por la ventana, y te da mucho orgullo. Es tu creación. Es tu vida, y no te la puede robar nadie. 'Esta es mi tierra, y si hay embotellamientos de tránsito es porque yo así lo hice! Lo cambiaré cuando tenga ganas! Puedo borrar todo si quiero!'. Programar se parece a vivir en el Valhalla.

A veces hacés mundos aburridos. Las cosas andan a los tirones, y ves las calles llenas de baches, y no te dan ganas de arreglarlos, porque sabés que vas a romper las tuberías que hay abajo. Esas
ciudades a veces se mueren, o languidecen esperando que alguien quiera pintarlas. Un programa mal hecho es un acto criminal, porque reduce al que lo ve, y al que lo hizo.

En otras ocasiones salen cosas increíbles. Tenés un plan, y lo llevás a la práctica tal como viniste pensando. Las cosas marchan bien. Lo que armaste es mejor de lo que habías pensado! En esos
casos, puede salirte fuego de los pulmones. UUUuuuuaaaaaaahhhh!!!!
Es como tener una armadura autopropulsada, empezar a correr, y darle cada vez más rápido, y te das cuenta que podés saltar sobre los ríos y los árboles! Te salen rayos de las manos, y brillás
tanto que no se te puede mirar. Los programadores suelen estar bien pagados, pero no hace falta mucha plata si el trabajo es interesante.

No soy un gran programador. Los detalles muchas veces me aburren, buscar errores me cansa bastante, estudiar manuales me cuesta un triunfo. Prefiero armar estrategias, y que otro se haga a cargo de implementarlas. Pero como nunca tuve gente para eso, tengo que arreglarme solo. Así que hay miles de líneas de programa en mi cabeza. Después de un tiempo, recorrer un listado es como andar por un paisaje conocido. Ves cada parte, sabés quienes tienen casas de piedra, quienes viven en chozas. Los programadores realmente buenos no necesitan listados. Conocen millones de líneas sin necesidad de papeles. Pueden simular ejecuciones solo con la mente. Creo que personas así se encuentran más allá de la Humanidad. Esos son Inmortales de verdad.

También se trata de una actividad cerrada. Podés llevar a alguien a dar una vuelta en moto, o mostrarle las cataratas. Pero cómo hacés para que un extranjero entienda un programa? Le mostrás los resultados, y el tipo dice 'Ah, que bien!' o 'Hmm, no me convence', pero nada más. En realidad, no entendió nada.

Se hace muy sencillo despreciar a los mortales, aunque uno sea un dios de mazapán."

(Eduardo Shanahan)

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No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. (Oscar Wilde)