Cuando los programadores juegan a ser personas...

A veces es divertido. A veces es fastidioso. A veces simplemente patético.
Pero es imposible negar el empeño que pone.

Ver a mi programador realizando contactos sociales, llevando las cuentas de la empresa, comprando naranjas... hasta responder un mail se torna una tarea Atlántica!.

Realiza cada acción como si llevara escrita la receta. Midiendo, paso a paso, cada punto, realizando anotaciones al margen, aclarando cada detalle, por mínimo que sea, observando, corrigiendo, volviendo a corregir, y consultando a cualquiera que goce de un mínimo respeto, y haya realizado la misma acción anteriormente.

Aaaah! pero que goce! que alegría! qué orgullo! Cuando han logrado un cierto nivel de éxito, y desarrollado un sistema, y cuentan con la experiencia previa! Son capaces de escuchar a una madre de cinco hijos (entre 2 y 15 años) contar la biografía de cada uno desde que salieron de la sala de parto, o escuchar a la veterinaria de su mascota explicarle con lujo de detalles su curso de Feng Shui, o ...no importa, cuanto mas común o inverosímil resulte la charla, lo mejor, lo increible, es su capacidad para hacer preguntas, y sonar coherente!

La inserción es el mundo real para los programadores resulta una tarea ardua, peligrosa, generalmente frustrante, eternamente incompleta, e inspirada por dos exclusivas razones: Alimento y Amor (sí sí, leiste bien, hablo de Amor-Amistad-Afectos, para tener sexo no necesitan insertarse (bueno, sí, pero no en el mundo real)).

Con respecto al alimento, no es que necesiten cantidad, pero si incluimos ahí otros gastos, como una máquina nueva, internet, electricidad, y un techo para su mascota, es innegable que el programador descubre algun día que la gente necesita lo que él sabe hacer. Y así cae en el mundo de los clientes, los usuarios, y otras historias de terror.

Algo que aún no descubren los programadores, y que algunos usuarios/clientes aprenden cuando ya es tarde, es que puede haber infinitos programas. Pero programadores hay pocos. Y esos pocos ni son intercambiables, ni son reemplazables.

Leave a Reply

No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. (Oscar Wilde)